5. La república restaurada y el Porfiriato
Historia de México Lección 5.
La república restaurada y el Porfiriato
La restauración del republicanismo
Con la caída del Segundo Imperio Mexicano, cayeron las aspiraciones de los partidarios de los conservadores y de la Iglesia en restaurar un modelo político basado en una monarquía. Por otra parte, los liberales salían victoriosos como facción, con la Constitución de 1857 todavía como su ley vigente y con Benito Juárez aún como presidente, en un mandato que no olvidemos que no ha dejado desde 1857, cuando Comonfort desconoció su propia presidencia.
Pero el modo de gobierno y la ley vigente era el único punto en que estaban de acuerdo los liberales, ya que una facción de ellos consideraba que Juárez llevaba mucho tiempo ininterrumpido como ejecutivo interino, ya que nunca había sido elegido como presidente por el Congreso, y siempre solicitó permiso para seguir en el poder argumentando que no había condiciones para hacer elecciones.
Por ello, otros liberales como Sebastián Lerdo de Tejada, Porfirio Díaz y Jesús González Ortega exigían a Juárez dejar la presidencia en manos de otra persona, sin embargo, una vez terminada la guerra de intervención francesa, el ex gobernador oaxaqueño argumentó que debía cumplir su cuatrienio como marcaba la ley de 1867 a 1871.
Durante este periodo, Juárez integró a Lerdo y a Díaz entre sus ministros para aparentar unidad dentro del bando liberal, pero a González Ortega lo envió como representante de México en Estados Unidos, para sacarlo del juego por el poder. En 1871, cuando el Congreso realizó la elección del presidente, Juárez conseguía reelegirse aun cuando la Constitución no lo permitía.
Esto provocó el enojo de Porfirio Díaz, que uso la simpatía que gozaba entre el Ejército para levantarse contra Juárez con el Plan de la Noria de 1871; esta insurrección fracasó debido a que Díaz se proclamó una vez que Juárez había ganado y quitarlo representaba un golpe de Estado que le restaría credibilidad al proyecto del partido.
Afortunadamente para Díaz, no tuvo que ver a Juárez en la silla presidencial por cuatro años más ya que al año siguiente, en julio de 1872 y ejerciendo funciones como presidente, Benito Juárez perdió la vida por las complicaciones de una enfermedad respiratoria.
Al poco tiempo de esta muerte, el Congreso eligió a Lerdo de Tejada como nuevo presidente para que gobernara de 1872 a 1876, mientras que Díaz, que aprendió de su fracaso con el Plan de la Noria y esperando que Lerdo buscara reelegirse, lanzó una nueva proclama en 1876, el Plan de Tuxtepec, antes de las elecciones para que Lerdo no entrara en la competencia electoral y tuviera camino libre. Así, Porfirio Díaz asume por primera vez la presidencia en 1876.
El inicio del Porfiriato: Oligarquía y dictadura
En sus postulados tanto del Plan de la Noria como del Plan de Tuxtepec, Díaz fue firme con que era su deber patrio luchar contra los políticos que se buscaran reelegir en la presidencia, por ello, gobernó de 1876 a 1880 sin mayores dificultades y una vez terminado su cuatrienio dejó el poder.
El presidente de 1880 a 1884 fue Manuel “el Manco” González, otro ex militar que perdió un brazo durante la intervención francesa; este mandatario continuó con la aplicación del proyecto liberal. Sin embargo, Manuel González era buen simpatizante de Porfirio Díaz y dada su aceptación popular, la Constitución se reformó para permitir la reelección de presidente con la condición de que no fuera en periodos consecutivos.
De esa forma, Díaz regresó a ser presidente para el periodo 1884 a 1888 y aunque hoy sabemos que desde este año no volvió a dejar el poder, en esa época ni el mismo Porfirio sabía que estaría más de dos décadas más. Pero no nos adelantemos y veamos cómo sucedió:
Cuando se acercaban las elecciones de 1888, nuevamente se modificó la ley para que las reelecciones fueran totalmente legales si así lo determinaba el Congreso. Díaz había aprendido de su mentor, Benito Juárez, cómo era la política mexicana y logró ejercer el poder más eficientemente que el mismo Juárez.
Porfirio Díaz siempre actuó bajo el marco de la ley, quizá llegando a los límites, pero siempre bajo el cobijo de la Constitución. Negociaba con los líderes regionales para evitar que se levantaran y es indudable que cada cuatro años se efectuaron elecciones sin falta, aunque estuvieran amañadas para que Díaz saliera victorioso.
No obstante, debemos señalar que el Porfiriato no fueron solo 30 años con Díaz como presidente: gobernadores, ministros, diputados, senadores, generales y secretarios también intercambiaban puestos cada que terminaba su periodo, de forma que toda la estructura política era cómplice, pero todos fieles alrededor del presidente que había luchado contra conservadores y franceses, el general Don Porfirio Díaz, manteniendo así unidad en el país.
Los hombres más importantes dentro del gabinete de Porfirio Díaz y que lo acompañaron durante casi toda la dictadura fueron Gabino Barreda, el creador de la Escuela Nacional Preparatoria, y Justo Sierra, fundador de la Universidad Nacional de México, en el ámbito educativo; José Yves Limantour desde el ministerio de Hacienda y Finanzas, generando una estabilidad económica que no se veía desde la colonia; y desde las fuerzas armadas, su eterna mano derecha fue Bernardo Reyes.
Ellos, junto a otros preparados personajes eran apodados Los Científicos debido a que ejercían en México el modelo filosófico que llevaba algunos años respaldando el éxito capitalista de las grandes potencias: El positivismo, una filosofía que añoraba el progreso social usando como único camino al conocimiento científico.
Economía y sociedad en el Porfiriato
Sin duda, el Porfiriato es una etapa de muchos matices puesto que el desarrollo de México no tuvo precedentes pero el costo fue demasiado alto. Comencemos por los puntos positivos:
En materia de política interior, Díaz representó una figura de autoridad y su capacidad de conciliar conflictos evitó levantamientos regionales y unidad nacional; en política exterior, muchas potencias recuperaron la confianza en México después de haber quedado expuesto cuando fusilaron a un miembro de la familia Habsburgo.
Junto a este reconocimiento internacional, llegaron también los migrantes y los inversores, impulsando el empleo, la industria y en consecuencia, la economía en general. También se limaron asperezas con la Iglesia y se consiguió nuevamente la aprobación papal.
Con finanzas más estables y sin guerras costosas ni retrasos en las actividades económicas, se consiguió impulsar una industria mexicana, comunicar mejor los poblados a través del ferrocarril y el telégrafo. Con mejores comunicaciones y trabajos, las condiciones de vida en las ciudades fueron creciendo y mucha gente comenzó a migrar del campo a la ciudad a trabajar en las fábricas, favoreciendo el terreno para el surgimiento por vez primera de una clase media mexicana.
Este poblamiento de las ciudades principales provocó una urbanización, ampliación de servicios y establecimiento de zonas económicamente fuertes; toda esta población que llegó a las regiones industriales conformó el sector obrero proletario del que México había carecido todo el siglo XIX por la falta de industrias.
En lo que respecta a la economía, se llegó a un punto de paridad entre el peso mexicano y el dólar estadounidense, es decir, ambas monedas tenían el mismo valor para los mercados internacionales ya que era igual de redituable invertir en México que en los Estados Unidos.
Un punto importante para mantener a flota las finanzas es que Limantour y Díaz procuraron diversificar la economía mexicana tanto en inversores como en sectores. No dependieron de una sola nacionalidad de empresarios para que coloquen su dinero en México y tampoco se enfocaron en una sola actividad económica.
Con estabilidad política y económica, fue mucho más sencillo desarrollar el ámbito educativo y cultural. Ya observamos que Gabino Barreda desarrolló el surgimiento de las Escuelas Nacionales Preparatorias pero también la educación pública se benefició con el nacimiento de las primeras Escuelas Normales Superiores.
Las artes también tuvieron un importante auge. En la literatura, Francisco Zarco, Vicente Riva Palacio, Ignacio Manuel Altamirano, Amado Nervo, Emilio Rabasa y Manuel Gutiérrez Nájera. En la pintura destacaron Juan Cordero, José Guadalupe Posadas y José María Velasco. En cuanto a la arquitectura, se levantaron incontables obras públicas pero también recintos como Palacio de Bellas Artes o conmemorativos como el Hemiciclo a Juárez y el Ángel de la Independencia, solo por mencionar algunos.
Oposición en el régimen porfirista
Como mencionamos anteriormente, el precio del crecimiento de México no fue barato debido a las desigualdades sociales tan difíciles de erradicar. Por el contrario, aunque mejoró la calidad de vida del ciudadano promedio, empresarios y terratenientes tuvieron mejores ganancias por el aumento de consumidores que compraban sus productos.
Además, ante la migración masiva de campesinos a las zonas urbanas, muchos dueños de haciendas optaron por ampliar territorialmente sus propiedades y ser muy duros en su relación con los peones del campo, impidiendo su salida y exigiendo altas cuotas de productividad para darles unos escasos beneficios, por lo que muchos campesinos trabajaron por extensas horas de trabajo esperando algún día saldar su deuda y tener una porción agrícola propia.
Además, los Estados Unidos iban poco a poco desaprobando a Díaz debido a que no les dio un trato preferente como socios comerciales. También hay que mencionar que muchas generaciones que habían crecido admirando la figura de Díaz, ya estaban envejeciendo y muriendo, por lo que la aprobación social iba a la baja.
Lo mismo sucedió con su gabinete y los miembros de los otros poderes, que la edad comenzaba a cobrar factura. Díaz asumió la presidencia teniendo 44 años, una edad aproximada del resto de los miembros del gobierno también pero no todos tuvieron la longevidad de Don Porfirio que abrió el siglo XX teniendo 70 años.
No suficiente, muchas ideologías comenzaban a entrar a México debido al intercambio cultural con países europeos, como el anarquismo impulsado por los hermanos Flores Magón o los movimientos sindicalistas, reflejados en las huelgas de la mina en Cananea de 1906 y la fábrica textil de Río Blanco en 1907, donde no funcionó la intervención gubernamental por las exigencias de los trabajadores y se respondió con represión.
Es importante mencionar que las elecciones de 1900 fueron las últimas que ganó Díaz bajo el esquema de los cuatrienios, ya que en este periodo se reformó la Constitución para que los mandatos duraran seis años. Así, Don Porfirio obtuvo nuevamente la victoria en 1904 pero ahora en un periodo presidencial que terminó en 1910.
En todo este tiempo, ninguna figura política se atrevió a competirle a Díaz de forma abierta en las elecciones, pero esta situación cambió en 1907 cuando Porfirio Díaz le concedió una entrevista al periodista estadounidense James Creelman donde comentó que ya se sentía avanzado de edad, orgulloso de sus logros y confiado en que México estaba listo para volver a la alternancia en el poder.
Esta declaración fue traducida al español y difundida en México, por lo Francisco I. Madero, miembro de una familia hacendaria poderosa de la región de la Laguna, le hizo frente al dictador y se anunció como contendiente presidencial en las elecciones de 1910, con José María Pino Suárez como su vicepresidente.
El año de 1910 era importante debido a que fue el centenario del inicio de la Independencia y el proyecto de los festejos fue espectacular. Inauguraciones, desfiles, obras en construcción, festejos, visitas extranjeras… En fin, Díaz quería celebrar los cien años de vida independiente sin ningún contratiempo ni mancha por lo que consideró una osadía la de Madero y lo mandó a encarcelar.
Díaz logró alcanzar la presidencia en las elecciones de 1910 al no haber otro contendiente. Madero consiguió escaparse de la cárcel y llegó hasta los Estados Unidos, desde donde lanzó el Plan de San Luis el 5 de octubre de 1910. Esta proclama invitó a la población a levantarse en armas el 20 de noviembre de 1910, desconocer el resultado de la elección y retomó como lema “Sufragio efectivo, no reelección”.
Algunos líderes locales como Pascual Orozco y Emiliano Zapata, que también, llevaban años en descontento con el régimen de Díaz, se unieron al Plan de San Luis, movilizaron a su gente y recibieron a Madero en su retorno a México. Ese 20 de noviembre de 1910, mientras comenzaban algunos movimientos de gente en la ciudad de México, Madero reingresaba a territorio mexicano desde ciudad Juárez.
Con esto inicia la Revolución Mexicana pero su desarrollo la veremos la siguiente lección.
Comentarios
Publicar un comentario