3. Primeros años de México independiente.

 Historia de México Lección 3

Primeros años de México independiente

Como revisamos la lección anterior, tanto en el Plan de Iguala como en los Tratados de Córdoba se estipula el surgimiento de una nación llamada Imperio Mexicano, es decir, la intención es continuar siendo una monarquía pues es el modo de gobierno al que estaban acostumbrados por siglos.

Las discusiones entre los líderes de la consumación llevaron a establecer una monarquía constitucional, sin embargo, ningún miembro de la realeza europea aceptaría un país recién nacido, con la economía destruida y sin el reconocimiento de España.

Ante la ausencia de un candidato en Europa, Agustín de Iturbide se postuló al trono mexicano a pesar de no provenir de una familia real, pero el apoyo que el Ejército le daba a Iturbide fue suficiente para presionar al Congreso a aceptarlo como emperador y fuera coronado el 18 de mayo de 1822 como Agustín I de México, estableciendo el Primer Imperio Mexicano.

Muchos diputados siempre se mostraron en contra de esta imposición, al grado de conspirar en contra de Agustín I, siendo un peligro para su figura y su autoridad, así que el emperador disolvió el congreso en octubre de 1822 e hizo presos a algunos diputados, con el argumento de que era ineficiente por no presentar una Constitución para el Imperio Mexicano y en su lugar estableció una Junta Instituyente con personas que no cuestionaran sus decisiones.

Los gobiernos de los estados mostraron su descontento contra el emperador por haber encarcelado a algunos de sus representantes pero el más radical fue Veracruz quien inició un levantamiento encabezado por Antonio López de Santa Anna quien lanzó en diciembre de 1822 el Plan de Veracruz, desconociendo la autoridad de Agustín I. 

Otros líderes locales se unieron a Santa Anna y proclamaron el Plan de Casa Mata en febrero de 1823, que no fue tan radical pero exigía el respeto por los poderes locales y la restitución del Congreso.

Iturbide había enviado tropas a calmar a estos levantados, pero sus hombres se dieron cuenta de que el movimiento era muy fuerte y para evitar una confrontación, pactaron la paz con Santa Anna sin autorización del emperador. Iturbide vio los hechos como una traición y sin sus cabecillas militares siéndole fiel, se vio abandonado y renunció a la corona el 19 de marzo de 1823.

El congreso, una vez reestablecido, acordó lo peligroso que era tener una figura monárquica y el resto del año se dedicaron a discutir y promover una República Federal con presidente que gobernase por cuatro años y gobernadores en los estados autónomos. 

La Constitución de 1824 definió esta forma de gobierno y se eligió como primer presidente a Guadalupe Victoria, un general que estuvo presente desde la Independencia, para el periodo 1824 a 1828.

  • La situación económica de México independiente.

La vida independiente de México no fue fácil pues muy pocas naciones lo reconocían internacionalmente como un país libre. Solo Estados Unidos de Norteamérica, el resto de ex colonias españolas e Inglaterra, siendo la última la única potencia fuerte en tratarlo como un país independiente, sin embargo, las condiciones de este reconocimiento eran imposiciones muy desfavorables para México en el comercio.

Así, al no tener aliados comerciales de envergadura, la crisis económica en México era muy aguda, pues once años de enfrentamientos habían parado el comercio, destruido los caminos, descuidado las minas y los campos, reducido la mano de obra y, además, una buena parte del capital de la Nueva España era de los peninsulares, por lo que con la independencia, estos se fueron del territorio.

Volviendo al gobierno, Guadalupe Victoria cumplió su cuatrienio sin mayores dificultades, pero el siguiente presidente, la figura de los insurgentes, Vicente Guerrero fue emboscado y asesinado en febrero de 1829. El poder lo tomó su vicepresidente, Anastasio Bustamante, a quien le tocó enviar a Santa Anna a la defensa del puerto de Tampico ante un intento de reconquista española comandada por Isidro Barradas en 1829.

  • La lucha federalismo vs centralismo

La economía no era el único problema para el país, pues la política resultó ser muy inestable, debido a que la gran mayoría de figuras de poder eran militares y cuando estaban en desacuerdo con alguna situación, se levantaban en armas contra del presidente o en contra del Congreso; o bien, la formación militar del presidente hacía que él mismo se peleara con la cámara de representantes.

Así, se conformaron los grupos políticos más importantes: Los federalistas que pugnaban a favor de autonomía en los estados, libertad de gobierno en sus territorios y equidad en los impuestos; y los centralistas, un grupo que buscaba que el centro del país fuera el que controlara la política y la economía mexicana, para evitar que se fragmentara la nación.

Las confrontaciones entre ambos se hicieron muy presentes a partir de la década de 1830, pues en 1832, Antonio López de Santa Anna asume por primera vez la presidencia, pero la responsabilidad de gobernar la dejó en manos de su Ministro de Relaciones Exteriores e Interiores, Valentín Gómez Farías, quien era un férreo federalista que realizó algunos decretos que afectaban los privilegios de la Iglesia y del Ejército.

Estas instituciones presionaron al presidente electo, Santa Anna a que lo destituyera de su cargo, por lo que Gómez Farías dejó el puesto y sus medidas se echaron para atrás. 

Como Santa Anna no quería tomar decisiones políticas sino ser la figura militar importante, el poder ahora se lo encomendó al Ministro de Hacienda, Lucas Alamán, que era todo lo contrario a Gómez Farías, era un centralista empedernido y con él se impulsó un proyecto de transición de la actual República Federal a una República Central.

  • El centralismo y los conflictos internacionales

Con la cabeza de los centralistas tomando decisiones, en 1835 se hizo un cambio total en la forma de gobierno cambiando de ser una República Federal a una central, quitando la Constitución de 1824 y creando una nueva conocida como “Las Siete Leyes”.

Una ganancia que tuvo esta república central fue que en España, Fernando VII que nunca reconoció las independencias americanas, murió en 1836 y su heredera, Isabel II consideró que no había porqué seguir en esa necedad y reconoció a los países americanos como independientes, abriendo el comercio y las relaciones diplomáticas con España.

Por el contrario, desde dentro del país, hubo regiones que estaban inconformes con el centralismo pues este sistema atentaba contra sus libertades políticas y económicas, y sentían que la capital nunca se había interesado en su bienestar sino que solo les sacaban dinero con los impuestos.

Dos estados proclamaron su independencia: Texas en 1836 y Yucatán en 1841. Hoy sabemos que Yucatán volvió, sobre todo por el temor de ser invadidos por alguna potencia europea, pero el tema de Texas fue totalmente distinto, ya que su independencia no fue la única consecuencia del centralismo.

México no aceptó la solicitud de independencia texana y por el contrario, envió fuerzas para evitar que se separara, iniciando la Guerra México-Texas, tropas que estaban encabezadas por el propio López de Santa Anna, quien consiguió victorias en las batallas de Goliad y San Jacinto.

Sin embargo, en la batalla fundamental, en El Álamo fue derrotado, capturado y obligado so pena de muerte a firmar los Tratados de Velasco, donde aceptaba la independencia de Texas el 14 de mayo de 1836. Tras firmar en nombre del gobierno mexicano, lo liberaron y una vez que volvió a la capital, ni el presidente Anastasio Bustamante ni el Congreso aceptaron este Tratado. Dejaron de enviar tropas a Texas pero seguían en su negativa de aceptar su separación.

Dos años después, llegó el primer conflicto con una nación extranjera que no era España. Como recordarás, desde antes de 1830, en México las sublevaciones militares eran el pan de cada día y durante muchos años, comerciantes franceses veían saqueadas o destruidos sus negocios por tanto conflicto armado.

Estos ciudadanos franceses radicados en México, fueron ignorados cuando iban a las autoridades capitalinas a exigir un pago por los daños, por lo que acudieron al gobierno de su país para que les hicieran justicia. Francia aceptó apoyar a sus conciudadanos y envió una flota a Veracruz en 1838 para presionar a México a que indemnizara a los comerciantes franceses.

Debido a que la gran mayoría de estos negocios eran de pastelería y repostería, es que conocemos a este altercado como Guerra de los pasteles y tras algunos bombardeos, México aceptó que no podía hacerles frente y adquirió una deuda de 600, 000 pesos con Francia, para evitar que sus tropas desembarcaran. Santa Anna estuvo de nuevo al frente de las tropas pero no tuvo éxito militar, por el contrario, en estos bombardeos, el general veracruzano perdió una pierna.

Pero sin duda, el más grande conflicto fue la Guerra México-Estados Unidos. Como el gobierno mexicano nunca superó la pérdida de Texas, dentro del país seguían discutiendo federalistas y centralistas sobre quién era culpable de la inestabilidad y quién debía tomar el poder.

Mientras tanto los texanos, que llevaban para 1845 casi diez años siendo un país independiente, se plantean seriamente la posibilidad de anexarse a los Estados Unidos, algo que los norteamericanos no veían tampoco con malos ojos. Cuando les llegó la propuesta formal al Congreso estadounidense, el representante de México en Estados Unidos, Juan Nepomuceno Almonte, amenazó con romper relaciones diplomáticas si tan solo discutían esa decisión y exigió que fuera desechada la propuesta.

Estados Unidos no hizo caso a la advertencia del representante mexicano y envió la propuesta a ser discutida en el Congreso, por lo que Almonte hizo maletas y se regresó a México a contar la situación. 

Debido a que nunca se aceptó la independencia texana, tampoco se definió claramente los límites de Texas y México y con este problema, ambas naciones movilizaron tropas a la región fronteriza. Soldados estadounidenses provocaron a las fuerzas mexicanas a abrir fuego, matando a un par de elementos de Estados Unidos.

Así, el presidente de Estados Unidos, James K. Polk lanzó la declaración de guerra en 1847 y comenzó a movilizar tropas hacia México, que se movieron por dos rutas: una terrestre con Zachary Taylor al mando y una marítima liderada por Winfield Scott. En menos de un año, ambas guarniciones de tropas de Estados Unidos ya estaban en las inmediaciones de la capital mexicana.

El ejército mexicano fue derrotado a finales de agosto y principios de septiembre de 1847 en las batallas de Churubusco, Molino del Rey y, la más famosa, la de Chapultepec el 13 de septiembre, que es recordada por la participación de las reservas de cadetes mexicanos o los Niños Héroes como los conocemos. Su participación no revirtió la derrota y el 15 de septiembre, la bandera norteamericana ondeaba en Palacio Nacional.

El presidente, que durante la guerra era Santa Anna, renunció dejando como interino a Manuel de la Peña y Peña, quien tras meses de ocupación norteamericana, negoció con el enviado de Polk, Nicholas Trist para llegar a unos acuerdos de paz.

De ese modo, el 2 de febrero de 1848, se firmó el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, donde México ahora sí aceptaba la independencia de Texas y su anexión a Estados Unidos, pero con el límite fronterizo que los texanos pedían hasta el Río Bravo.

Además, México estaba obligado a vender los territorios de Nuevo México y la Alta California a Estados Unidos, pues llevaban años negándose a venderlos a pesar del descuido en que el gobierno mexicano tenía a estos territorios. Los estadounidenses pagaron por este espacio geográfico pero le restaron los costos de guerra. Tras firmar este acuerdo, las tropas de Taylor y Scott abandonaron el país.

Esta derrota puso en una complicada situación a federalistas y centralistas, quienes vieron que, por estar peleándose, México iba cayendo cada vez más al fondo de la crisis. Las malas decisiones de los primeros gobiernos habían causado estas pérdidas territoriales y económicas.

Sin embargo, otro grupo de políticos, apoyados por la Iglesia, empezaron a conformar un partido que estaba basado en la decepción por la independencia, pues desde 1810 que iniciaron los levantamientos, todo eran tropiezos para México y añoraban el retorno al pasado monárquico: El Partido Conservador.

Por otro lado, también venía una nueva generación de personajes, muchos formados con las ideas de Gómez Farías, que lejos de ver a los Estados Unidos como un enemigo, lo vieron como un ejemplo de progreso y pretendían hacerse su aliado y copiar su modelo para que México también creciera: El Partido liberal.

Las disputas de estas dos facciones las revisaremos la próxima lección.


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