2. El movimiento de Independencia.

 Historia de México Lección 2

El movimiento de Independencia.

  • Causas y antecedentes

Como mencionamos en la lección anterior, no todas las Reformas Borbónicas fueron bien recibidas en la Nueva España, sobre todo las relacionadas con los impuestos. El virreinato había incentivado su producción por lo que el aumento fiscal no fue un problema al inicio, pero tras la guerra de los 7 años, los impuestos se elevaron para cubrir los costos de guerra de la península.

Además, los criollos y mestizos llevaban generaciones formando parte de la Nueva España por lo que sentían un apego a la tierra que los vio nacer y crecer; lo mismo pasó con los religiosos, que los habían acompañado en su formación como personas y vieron en las imposiciones, como la expulsión jesuita, un ataque a la fe.

Por si fuera poco, no solo llegaron ideas ilustradas desde Europa sino también se escucharon las noticias sobre la Revolución Francesa o las independencias de Estados Unidos y de Haití, pero el suceso exterior que más influyó fue la invasión de Napoleón a España en 1807.

Recordemos que Napoleón en su proyecto de conquista de Europa, España fue una de las naciones de las que se apoderó, tomando presos al rey Carlos IV y a su hijo, Fernando VII, obligándolos a renunciar a la corona y dejarla en manos de él y su hermano, José Bonaparte.

Este gobierno impuesto por la fuerza no era reconocido ni en la península ni en los virreinatos por lo que parte de la burguesía española decidió crear las Juntas de Cádiz, un cuerpo de gobierno representativo, con diputados de las regiones para que gobernara mientras el rey legítimo estuviera preso. Incluso, buscando aprobación y recursos desde América, los invitaron a que enviaran a sus representantes.

Las colonias americanas aceptaron formar parte de las Juntas de Cádiz, pensando que en ellas podrían expresar su inconformidad ante el aumento de impuestos y demás necesidades. Desde estas reuniones, por otro lado, se motivó a los virreinatos a que se levantaran contra las autoridades que se volvieron cómplices de los invasores franceses, por ello no hay que olvidar que el motivo de conspiración en América es a favor de los Borbones presos.

  • La independencia: Organización

Empujados por las decisiones de Cádiz y la inconformidad que hay en la Nueva España ante el virrey José de Iturrigaray acusado de ser un afrancesado, miembros de la burocracia y el Ejército iniciaron a realizar conspiraciones para tomar el poder del virreinato mientras liberaban a Fernando VII, el rey legítimo.

Antes de la Conspiración de Querétaro, existieron otras reuniones para iniciar levantamientos, pero la más importante fue la Conspiración de Valladolid (actual Morelia) en 1809, que estaba liderada por Mariano Michelena y José María Izazaga. Cuando fue descubierta, sus miembros de bajo rango fueron encarcelados y los de alto rango fueron quitados de sus puestos.

Sin embargo, las ideas de estas juntas llegaron a la conspiración que sucedía en Querétaro, donde con la fachada de celebrar reuniones para hablar de libros, el corregidor de esta ciudad, Miguel Domínguez y su esposa, Josefa Ortiz, prestaban su casa para que miembros en desacuerdo con el gobierno virreinal crearan un plan de levantamiento.

Miguel Domínguez representaba al poder civil, los generales Ignacio Allende y Juan Aldama el poder militar y el cura Miguel Hidalgo la autoridad eclesiástica. Solo así estaban asegurados de que la población los iba a seguir en su plan, el cual no tenía intenciones de independizar a la Nueva España sino de quitar a Iturrigaray y sus allegados por ser cómplices de Napoleón y traidores al rey.

  • La independencia: Inicio

La junta de Querétaro no fue descubierta in fraganti con los conspiradores reunidos, sino que se llegó a ella por denuncias, dando tiempo a los miembros para que adelantaran los planes y no ser encarcelados. Hidalgo es notificado de que fue revelada la verdadera intención de las reuniones y comenzó a reunir a la gente la madrugada entre el 15 y 16 de septiembre de 1810 alrededor de la parroquia donde habitaba el cura Hidalgo, en Dolores.

Con el grito “¡Viva Fernando VII y la Virgen de Guadalupe, muera el mal gobierno!”, motivó a la gente a seguirlo por toda la región, convenciendo a los poblados de unirse al movimiento. Uno de los hechos que revelaron el poder popular fue la toma de la Alhóndiga de Granaditas, el lugar donde se resguardaba la producción agrícola para tiempos de escasez.

Hidalgo y sus seguidores se hicieron llamar bajo el nombre de Insurgentes en esta lucha y lograron su primer objetivo, que Iturrigaray fuera destituido, pero su sucesor no era igual de blando. El virrey Francisco Xavier Venegas tomó una porción del Ejército para que se dedicara específicamente a aplacar el movimiento insurgente y capturar a sus líderes, llamándolo Ejército Realista. Desde aquí  observamos la formación de los Insurgentes y los Realistas.

El movimiento de Hidalgo tuvo buenos resultados al grado de convencer y tomar pueblos en todo el valle de México, incluso llegó a estar a las puertas de la capital pero decidió no tomarla; en la toma de Valladolid, por ejemplo, ocurrió un hecho importante cuando conoce a José María Morelos, otro miembro de la Iglesia que apoyaba los levantamientos, por lo que se ganó la confianza de Hidalgo y fue nombrado el jefe de los insurgentes en la zona occidente del virreinato.

A mediados de 1811, con menos de un año de comandar a los insurgentes, Hidalgo es capturado en el norte del Bajío junto a Allende, Aldama y Mariano Abasolo. Fueron procesados, enjuiciados y fusilados, y con la intención de infundir temor en sus tropas, los decapitaron y colocaron sus cabezas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas. Esta medida no resultó muy efectiva, pues Morelos tomó la iniciativa de ser el nuevo dirigente del movimiento de insurgencia.

Al año siguiente, Morelos fue quien recibió a los diputados novohispanos que estuvieron en Cádiz con noticias no muy gratas. Las juntas lanzaron la Constitución de Cádiz en marzo de 1812 y en ella no estaban plasmadas las necesidades de los virreinatos americanos, no les convenía ser gobernados bajo estas leyes.

Ante esta noticia, Morelos tomó la decisión de que, si los verdaderos reyes estaban presos, los franceses eran invasores que no debían ser reconocidos y las juntas en Cádiz no fueron atendidas sus necesidades, el único camino que les quedaba era la Independencia. Hasta este momento podemos asegurar que el movimiento buscó independizarse de España.

Estas ideas de volverse libres de la península fueron plasmadas en documentos  como Sentimientos de la Nación del 14 de septiembre de 1813 y la Constitución de Apatzingán del 22 de octubre de 1813, donde declaraban a la América española libre y promovía la abolición de la esclavitud en este territorio.

La admiración que recibió de sus partidarios tras estos escritos le hizo ganarse el apodo de “Siervo de la nación” y continuó en su lucha hasta que en 1815, Morelos fue capturado, enjuiciado y fusilado en San Cristóbal Ecatepec.


  • La independencia. La resistencia.

Aunque surgieron figuras de peso local de la confianza de Morelos, ninguna tenía el arrastre que obtuvo el Siervo de la nación,  de modo que hombres como Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria mantuvieron en pie de lucha a los insurgentes pero en una guerra de guerrillas, es decir, pequeños enfrentamientos menores, emboscadas y ataques sorpresa.

Los insurgentes iban haciéndose la idea de que serían derrotados rápidamente sobre todo cuando se enteraron de que en 1814 Napoleón fue derrotado y el rey  Fernando VII decidió ser más duro para aplacar los levantamientos americanos, apoyando claramente al Ejército realista, aun cuando el movimiento inició siendo a su favor.

El ánimo iba a la baja por los descalabros en batalla pero obtuvieron un empuje de energía cuando en 1817, arribó a la Nueva España, Francisco Xavier Mina un militar peninsular que se sentía defraudado por las imposiciones de la Corona española y buscó darle un golpe ayudando a sus virreinatos a independizarse. Mina apenas duró unos cuantos meses en campaña antes de que lo capturaran y fusilaran, pero fue tiempo suficiente para que los líderes insurgentes continuaran en pie de guerra.

Los enfrentamientos se reencendieron entre realistas e insurgentes, pero el fin de la independencia no se dio por una victoria de alguno de los bandos, sino que desde España, el rey Fernando VII ordenó crear una flota con los hombres y armas suficientes para aplacar de una vez por todas, las rebeliones en América, un ejército a cargo de Rafael del Riego.

  • La independencia: Consumación.

Del Riego era un hombre de trayectoria militar que estuvo luchando siempre contra Napoleón protegiendo a las juntas de Cádiz en nombre del rey, por lo que el regreso de Fernando VII lo decepcionó cuando desconoció la Constitución de Cádiz que habían creado con tanto esmero para guardarle el poder.

Esto nunca lo olvidó Rafael Del Riego y cuando le confirieron estos hombres y armas, en vez de dirigirse a América, se aprovechó de la fuerza militar y se volteó contra el rey, obligándolo a jurar la Constitución de Cádiz y a gobernar junto a ella, es decir, imponiendo una monarquía constitucional.

Las noticias de “la rebelión Del Riego” llegaron rápidamente a la Nueva España y como recordamos, la Constitución de Cádiz no era favorable para los virreinatos. Por ello, la lucha entre insurgentes y realistas no tenía sentido, ya que ambos rechazaban ser gobernados bajo la Constitución, aunque fuera bajo una monarquía constitucional.

El líder de los realistas, Agustín de Iturbide, hizo una tregua y buscó una entrevista con el principal general insurgente, Vicente Guerrero. Después de días de discusiones y pláticas, la paz entre ambas facciones se selló en el poblado de Acatempan con un abrazo y un acta el 10 de febrero de 1821. 

Días después, el 22 de febrero de 1821 Iturbide y Guerrero firmaron el Plan de Iguala, donde se decretó  la Independencia de la Nueva España, la creación del Imperio Mexicano y la fusión de los ejércitos realista e insurgente para dar paso al surgimiento del Ejército Trigarante, llamado así porque defendería tres garantías: catolicismo, independencia y unión.

Meses después, en agosto, arribó a Veracruz el nuevo virrey designado desde España, Juan de O’Donojú con nuevas órdenes de Fernando VII. Los miembros del nuevo Ejército Trigarante lo recibieron y convencieron de dar la espalda a la metrópoli y como representante del rey, firmó el 24 de agosto de 1821 los Tratados de Córdoba, dando legalidad a la independencia.

Es evidente que Fernando VII no reconoció la pérdida del virreinato a pesar de que su enviado había firmado dicho documento. La consumación de la independencia se estableció con la entrada del Ejército Trigarante a la ciudad de México, el 27 de septiembre de 1821, dando fin a la etapa virreinal tras 300 años de ser posesión española.


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